Patrick Conway´s, en la calle Parmell de Dublín, es un Pub que lleva abierto desde 1745. Tanto alcohol ha corrido por aquí que el dueño, o al menos el gordo afable del otro lado de la barra que lo parece, nos mira a todos con aire de sabio ancestral, todo un shamán de lo etílico.
Un tipo que ya lleva más cervezas de las que su cuerpo puede aguantar entra dando tumbos, el gordo sabio de la barra lo saca reprendiéndolo, como si de un hijo desobediente se tratara. En el fondo, un mural transporta al Pub del siglo XXI en el que las televisiones airean los deportes locales, el hurling, el irish football, las carreras de galgos y caballos, a su ancestro del siglo XVIII. Mientras afuera llueve, como siempre en Irlanda, yo me tomo una segunda pinta que le pido, esta vez no al gordo, sino a una china que llegó de inmigrante a un país de inmigrantes. ¿Pinta de qué? De Guinness obviamente.





