noviembre 25, 2007
noviembre 23, 2007
El soundtrack del viaje
Antes de que existiera y comenzara a formar parte de la “Generación Ipod”, los viajes estaban cargados de sonidos que surgían a cada paso. Pero más allá de las tonalidades, los matices, los ritmos y las músicas de las que se formaba un viaje, siempre había una “música imaginada”, el soundtrack de un lugar. Lisboa comenzó a tener sentido después de haber escuchado Fado en una taberna de Alfama, en donde la saudade pintaba el ambiente de mar, marineros y nostalgia. Colombia sin su cumbia y su música de papayera (y sin la salsa claro está) no tendría su espíritu. A Guatemala sin marimba (y ahora con música religiosa) le faltaría algo. Cuba sin percusiones o son, ni sabría a ron ni olería a sal. En Grecia sin embargo, la música, que no es una sino muchas, no sólo se escucha, se baila, los hombres la bailan y lo hacen como si estuvieran borrachos, porque lo están, de pasados, de tristeza y hasta de odio; por eso golpean el suelo, por eso se contonean, por eso bailan unidos. Las mujeres sin embargo, bailan seduciendo, hipnotizando, aniquilando a un enemigo que nunca lo fue. La Rebetika es la música de Grecia, su blues, su nostalgia hecho canto.





