Extrañaré esta ciudad, extrañaré sus barrios; Malasaña, Lavapiés y la Latina, a sus chinos y sus tiendas; el insoportable calor de verano y el insalvable frío de invierno; sus bocadillos de calamar bañados en minis de sidra, su paella y su gazpacho; su alcoholización ontológica, su tapeo filosófico y su marcha epistemológica. Extrañaré esos rincones llenos de sorpresas: El Kabokla y su comunidad brasileña, el Aires de Minho y el fútbol mojado en cañas y pimientos del padrón; las bodegas Rivas y el buen vino; el casi invicto irlandés de tribunal, con las pintas perfectas de Helen y el gol de México que nunca llegó. La Vía Láctea y su fabuloso primer piso sin humo; los falafels con picante y queso; la plaza de los cubos y sus cines en su idioma original; el autobús A. Extrañaré sus coronas, valentinas y tequilas consulares; su paseo de recoletos; sus baños que ponen McDonald´s en la puerta, siempre dispuestos para las necesidades más imperiosas; Somosaguas con su arquitectura carcelaria y sus pintas asquerosas, pero con su calidez anarquista; el metro y las eternas obras gallardonescas; sus primeros rayos de sol en primavera y los escotes que florecen con ellos. Su próxima estación esperanza, su Plaza Mayor y muchas cosas más. Pero sobre todo los compas de por aquí que han sido mi familia en el “exilio” académico-sudaca. Y ya lo dijo Sabina, siempre habrá un tren que desemboque en Madrid.
septiembre 10, 2007
diciembre 14, 2006
En Madrid
Bueno, si en Colima hay un Madrid, ¿por qué en Madrid no puede haber un Colima?






