Dado que hace mucho que no viajo. He abierto el blog para que amigos y amigas viajeros cuenten sus experiencias.
Inicio la sección “invitados” con unas postales recién llegadas de Centroamérica. Carolina, una argentina viajera, nos cuenta sobre su experiencia en Nicaragua junto con una amiga. Disfrutemos y viajemos, aunque sólo sea con la imaginación.
Latinoamericanas
El calor era agobiante en Managua y decidimos descansar un rato en la laguna del Parque Histórico Nacional Loma de Tiscapa cuando conocimos a Pedro, empleado del Ministerio de Medioambiente del parque y nos quedamos hablando de todo un poco. Rápidamente, claro, surgió hablar del Che, era un tema fijo para dos argentinas de paseo por Nicaragua. De pronto Pedro nos ofrece llevarnos a conocer la plaza del Che en Managua. Fuimos caminando y escuchando sus anécdotas, (tan interesantes como para hacernos olvidar que el calor nos estaba friendo los sesos. Cuando nos cruzamos con dos columnas de jóvenes con banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que marchaban hacia un acto proselitista, e iban hablando, cantando, nos saludaban mientras pasábamos. “Esa es nuestra juventud” nos dijo el viejo Pedro, orgulloso.
Salíendo de nuestro recorrido por León, pero la ciudad vieja, o lo que se recuperó de ella después de excavaciones, ya que fue sepultada por la erupción del volcán Motomotombo en 1610, unos nenes nos saludaron en inglés. Llegamos a la calle principal donde pasaría nuestro bus, nos sentamos en el cordón de la calle del ahora pequeño pueblo (antiguamente la ciudad más importante de Nicaragua, habitada sólo por 200 familias de españoles que respondían a la corona). Pasa un chico de unos 15 años y nos pregunta, en inglés, de dónde éramos, “de Argentina”, contestamos. Enseguida, José, supervisor de los buses, se sienta al lado nuestro y nos empieza a hablar de Gardel, del Che, del tango, y hasta incluyó a García Lorca en nuestro acervo cultural (hubiera sido un honor). José de pronto nos pregunta si nosotros (los argentinos) somos de tirar basura en cualquier parte, y le dijimos que, por lo general, no, y que, por ejemplo en la ciudad de Bs. As., está lleno de tachos de basura. “Nosotros hacemos esto”, dice, mientras tira la bolsita del jugo que estaba tomando a la calle. “No tenemos costumbre de tirar la basura en los tachos, no vas a ver muchos tachos.. Sabemos que está mal, yo se que lo que hice está mal pero bueno, es cultural.. los más jóvenes ya están cambiando, tienen más conciencia”.
Matagalpa tenía para nosotras el único atractivo de conocer fincas de cafetales. La ciudad no tenía lo pintoresco de León, ni el Pacífico tan cerca como para ir a la playa y el lugar donde nos alojamos era muy muy barato (U$S 3 la noche) obviamente, sin ninguna comodidad y con un “nuevo testamento” para cada una en la mesa de luz.
Salimos hacia el Museo, que fuera la casa de Carlos Fonseca (después de comer unos sustanciosos frijoles y licuados de frutas) pero, al llegar, nos llevamos la desilusión de ver el lugar cerrado. ¿Qué hacemos?. Esperemos, total, no tenemos mucho más para hacer.. Nos sentamos en la escalerita de entrada de la casa frente al Museo, era la hora de la siesta, sólo había unos nenes jugando en la calle (qué raro ver nenes jugando en la calle, sin adultos, me recordó a mi infancia..) los nenes se acercaban y nos hacían bromas, nos convidaban chicles de chasco, – al sacar uno salía una cucaracha del paquete- una vecina nos decía que seguramente ya estarían por abrir. Al rato los nenes corren y gritan anunciándonos: “ahí viene el señor, ahí viene el señor que cuida el museo!”
Lo vemos llegar a Mario, tranquilo, caminando la calle cuesta arriba. Nos abre, nos explica el recorrido lógico del material del Museo y nos invita a hacerle preguntas al final. Damos la vuelta al pequeño y sencillo lugar, con información muy concreta y organizada, muy buenas fotos, algunas bastante impresionantes de muertos en enfrentamientos del FSLN contra la dictadura de Somoza, de los años setenta. Unos nenes recién salidos de la escuela se colaban entre nosotras, uno de ellos me explicó todo lo que había en una vitrina: “y esos eran los anteojos de Carlos Fonseca, tenía problemas para ver”, me decía, después me leyó de corrido el detalle de lo que contenía otra vitrina. Muy curiosos hablaban entre ellos sobre lo que veían. Me detuve a mirar unas fotos, una foto de Fonseca y su esposa, me gustó cómo se miraban. En eso escucho a mi amiga hablar con Mario, el señor que cuida el Museo, voy con ellos, mi amiga estaba emocionada, Mario le estaba hablando de algunas de sus vivencias durante la “guerra”, como guerrillero sandinista. No paraba de contar con pasión diferentes sucesos en los que había participado, conmovedores unos, demasiado fuertes otros: formas de tortura, maltratos, asesinatos, en fin, todo lo que la lucha por la liberación de su país les llevó. La emoción de mi amiga eran ya lagrimones, Le saqué una foto a la tristeza por los viejos malos momentos, que por suerte quedaron atrás, con mi vieja Pentax. Nos fuimos pensando que Matagalpa nos había dado mil veces más de lo que esperábamos.
Llegamos a horario a la terminal de Matagalpa para tomar el siguiente bus a Granada, con un ratito extra para almorzar algo. La terminal, como casi todas las terminales de buses por las que pasamos, estaba rodeada por un mercado de frutas y verduras. Compramos unas tortillas, gallopinto, queso frito, plátano frito, demasiada comida, que terminamos compartiendo, previo consentimiento de los padres, con unos nenes que estaban jugando cerca nuestro. Mientras, veíamos que limpiaban el colectivo que estábamos por tomar y, mi amiga aprovechó para sacarle unas fotos al viejo school bus amarillo.
Uno de los padres de los nenes que estaba cerca empezó a pedir que mi amiga fotografiara al conductor del bus, otro pedía una foto al lustrabotas, en eso el conductor posaba para la foto arriba del vehículo y una señora que estaba vendiendo frutas cerca le gritaba “qué escolar ni escolar! Si no llevas niños ni estudian nada ahí!!” y todos se reían, se gritaban cosas, yo también le decía a mi amiga “no te olvides del lustrabotas!” y se generó en un minuto un ambiente muy divertido en torno a las fotos. Nos pasó en distintos lugares, en otros mercados, en pueblitos, en fincas de cafetales. nos pasó de sentirnos tan cómodas y tan poco turistas, como pasa en pocos lugares.
Y, si bien las nuevas generaciones tienen la oportunidad, en todas las culturas, de mejorar las necedades y errores (y las anteriores hacerse cargo también de la responsabilidad de para con los más jóvenes) lo que no deberían hacer es olvidar, la conciencia de la historia es fundamental para construir nuevos horizontes. Eso lo aprendimos de sobra en Nicaragua, su historia, su revolución, su lucha está muy presente. El che es un héroe indudable, los nicas saben mucho más de su historia que los argentinos en general, que nosotras mismas, es emocionante escucharlos. Esa historia y esa memoria hizo que, siendo argentinas, hayamos caído bien siempre, por la sola procedencia, que se nos abrieran puertas, que nuestro recorrido pareciera haber empezado años atrás, quizás por sentir esa continuidad de historias, de venas abiertas compartidas.
Relata Cortazar en Nicaragua tan violentamente dulce (1984; 92), libro que recolecta las crónicas de sus viajes a Nicaragua y su participación activa en el proceso de construcción de la libertad nicaragüense, principalmente como cronista: “en Nicaragua todo lo que es, puede ser o llegará a ser cultura. No me parece visto como un componente autónomo del alimento social, no me parece visto como la sal o el azúcar que se agregan para darle más sabor o más sazón a un plato de comida; aquí yo siento que el plato y la cultura son ya una misma cosa, que en última instancia la cultura está presente en cada uno de los avances, de las iniciativas y de las realizaciones populares, que no es ya el privilegio de los que escriben muy bien o pintan muy bien, sino que la noción parcial de la cultura ha explotado en miles de pedazos, que se recomponen en una síntesis cada vez más visible y que comporta igualmente miles de voluntades, de sentimientos, de opciones y actos”.




