Por la carretera

Agosto 29, 2009

Esperando a las olas

Archivado en: Fotos, México, Souvenirs — Tesista @ 9:36 am

(en alguna playa del pacífico mexicano)

A la espera de las olas

La bondad de los extraños

Archivado en: Historias del viajero, Reflexiones de viaje, Souvenirs — Tesista @ 9:29 am

Estoy leyendo el libro The Kindness of Strangers, editado por Lonely Planet (no confundir con otro libro del mismo nombre sobre Nueva Orleans y el desasrte del Katrina). Debo reconocerme fiel usuario de sus guías de viaje. Sin embargo, también editan otros libros que, a veces, resultan interesantes. Este me llamó la atención porque son pequeñas historias de viaje en las que una, o varias, personas, todas desconocidas, “ayudan” al viajero o viajera. ¿Cómo? En cosas tan pequeñas pero importantes como mostrarle el camino de regreso al campamento a una de ellas después de perderse en el desierto o llevarle un plato de sopa a otra que estaba enferma.
Yo tengo alguna de esas historias pero, quizá la que más recuerdo, por la rareza y verdadera  generosidad desinteresada, es aquella en Andalucía. Regresábamos de Marruecos, habíamos estado viajando un par de semanas con apenas dinero y cruzábamos de regreso el estrecho (cruce que, por sí solo, merece otro post). Al intentar sacar dinero del banco nos dimos cuenta que habíamos gastado más de lo que pensábamos y que no nos alcanzaba para los boletos de autobús, de Algeciras a Barcelona. Llegamos a la estación de autobuses y un señor, simpático y con el acento “andalú” más marcado que haya escuchado jamás, nos atendió amablemente. Le explicamos la situación y le pedimos dos billetes hasta donde nos alcanzara. Nos miró con una mezcla de ternura y admiración y nos dijo: “miren, les venderé dos billetes hasta Barcelona a precio de personas mayores, así que, si les preguntan, tienen más de 60 años”. Nos miramos sorprendidos y, agradeciéndole efusivamente, bromeamos sobre nuestra nueva edad. Cuando nos dio los boletos dijo: “un momento ¿qué van a comer?”. El viaje era más o menos de unas 15 horas y bien es cierto que algo de comida no nos sobraría. “No se preocupe, haremos dieta” respondimos, siguiendo el tono jocoso. “Esperen aquí un momento” dijo, y salió del mostrador y de la taquilla. Era un hombre bajito, con una barriga que combinaba muy bien con su sonrisa. Nos miramos extrañados preguntándonos qué pasaría a continuación. El hombre regresó con dos bocadillos gigantes y dos refrescos en lata: “tomen, para que coman algo”. No sólo nos rebajó los boletos arriesgándose a una reprimenda, nos compró comida de su propio bolsillo y, por si fuera poco, nos llevó hasta la puerta del autobús para asegurarse que el conductor, al ver nuestros billetes, nos dejara subir. Casi abrazamos al buen hombre, al despedirnos, le dijimos que le enviaríamos una postal desde Barcelona “¿cómo se llama usted?”, le preguntamos. “Sanjuán” nos respondió y, pensándolo, le quedaba tan bien el apellido como la barriga y la sonrisa. Llegando a Barcelona, le enviamos una postal agradeciéndole haber terminado nuestro viaje con esa anécdota.

Agosto 24, 2009

Djemaa el Fna

Archivado en: Marruecos, Souvenirs, Visiones — Tesista @ 7:37 pm

La plaza Djemaa el Fna podría ser una de las más comunes y corrientes del mundo. Su arquitectura no es especialmente bonita y, si se le viera desierta, podría decirse casi sin consideración que es bastante fea; pero la plaza Djema El Fna no está vacía nunca y es simplemente maravillosa.

Pocos lugares conozco que tengan tanta vida, que reten tanto al espíritu y que sean capaces de cortar la respiración con su inagotable riqueza de sentidos. De los encantadores de serpientes a los saltimbanquis, de las mujeres que, armadas de jeringas con henna persiguen a otras mujeres para dibujarles con precisión quirúrgica figuras que hacen pensar en Sherezadas. Desde sus sus decenas de pequeñas carretas reconvertidas en fuentes constantes de jugo de naranja y toronja hasta sus catálogos completos de frutos secos. Con sus puestos nocturnos que iluminan la noche y cuyo olor, a especias y a carne, parece llegar al otro lado del Sahara. Una plaza llena de gente, de vida de gente, de gente con vida.

La noche marroquí

Mayo 6, 2008

Dante en Verona

Archivado en: Fotos, Italia — Tesista @ 7:42 am

Marzo 12, 2008

The Cure en Barcelona

Archivado en: Barcelona, Crónicas, Música — Tesista @ 6:04 pm

Faltan diez minutos para las seis, he estado trabajando todo el día con el nerviosismo y la sensación que se tiene en los grandes días….(flashback 1) Faltan quince minutos para las ocho y tengo quince años. Hoy, por primera vez, toco con mi grupo frente a un público, hemos ensayado todo el verano y estamos listos, con la alegría y tensión de los grandes días. Aunque el repertorio que preparamos tiene un poco de todo lo que se puede esperar de un repertorio de un grupo de quinceañeros en la provincia mexicana, una de las canciones que tocaremos, la que hemos ensayado más por haber sido la primera que montamos, es un raro himno post punk de un grupo británico que nos ha influido enormemente, a nosotros y a todos los que hacían música en esa época (y en muchas otras)…. (más…)

Febrero 19, 2008

Orgía gastronómica en el Petit Zinc de Annecy

Archivado en: Fotos, Francia, Gastronomias — Tesista @ 8:41 pm

Comer solo puede ser una de las experiencias más tristes, melancólicas y deprimentes, pero algunas veces, sólo algunas veces, puede ser una experiencia alucinante. Llegué a Annecy por la noche después de pasar por Ginebra y un viaje en autobús de 2 horas (son sólo 38 kilómetros entre una ciudad y otra). Dejé las cosas en el hotel y salí a cenar, no había comido nada desde el desayuno y mis tripas, acostumbradas a más acción, me solicitaban ponerse a trabajar. Después de pasear por varios restaurantes cuyo romántico interior evitaría cualquier persona sola, me decidí por uno que se veía tan elegante como casero en una perfecta combinación de estilo y folklore. Ser viajero vegetariano en una zona cuya especialidad son los embutidos puede ser desastroso, lo cual, sumado al hecho de que la Fondue (la otra especialidad de la zona) sólo se servía para dos personas, hacía que la noche pintara mal. Una señora que parecía la abuelita de Heidi (si, ya sé que Heidi no tenía abuelita sino abuelito), me dio la carta y comenzó el festín. Pedí una Velouté de Légumes du marché que decidí combinar con una botella de Vin de Savoie, un Jongieux Gamay para ser más preciso. La sopa no tenía un sabor especialmente único pero una sopa ardiendo en un frío alpino, reanima a cualquiera. Mientras me ponía las botas con mi sopa, noté que a mi lado estaba sentado, solo, un clon de Sarkozy que me hizo preguntarme por qué, habiendo 50% de probabilidades, no me había tocado al lado la clon de Carla Bruni comiendo sola. Seguía con mi sopa cada vez menos caliente y más rica cuando a otro de mis colegas comensales, el de la mesa de enfrente para ser más preciso, le trajeron un pedazo de carne obsceno y jugoso el cual tenía que cortar en fragmentos humanamente comestibles y meter a nadar en un perol (que no es exageración) de queso derretido. Ver el proceso desde la mesa de enfrente era un espectáculo casi voyeourista. Al final de todo, sólo dejó un hueso en el plato, que si no se comió, fue porque no hay estómago en el mundo capaz de comer nada más después que eso (excepto el postre claro está) y la imagen hipnótica de su cara de éxtasis sólo se vio interrumpida por la llegada de mi segundo plato llamado: Petites brochettes de gambas flambées au pastis. El alambre se movía, deprovisto de cubierta que lo protegiera de las miradas lujuriosas y mostrando la desnudez de sus exquisitos camarones. La sopa que terminé hasta el fondo no era ni mucho menos pequeña así que cuando terminé de comer la gente me miraba asombrada y murmuraba cosas sobre mi, o al menos eso me parecía porque, incluso por un momento, pensé que el chico de enfrente comenzaría con una cascada de aplausos para mi actuación, que sin duda lo valía. La libertad de la soledad, crea abismos irresistibles,  y comer solo, algunas veces, puede ser una experiencia sunlime. Bon appetit.

 

comida-annecy.jpg

Noviembre 25, 2007

Guardia Ateniense

Archivado en: Fotos, Grecia, Souvenirs, Visiones — Tesista @ 9:05 pm

Guardia ateniense

Un café a media tarde

Archivado en: Guatemala, Reflexiones de viaje, Souvenirs — Tesista @ 9:01 pm

Es curioso como, cuando se viaja, se generan pequeñas rutinas hedonísticas. Una que comparto con mucha gente con la que he viajado es la de tomar algo a media tarde, cuando el cansancio de una mañana de caminatas y la soloñencia de una comida típica te invitan simplemente a relajarte de la mano de un café, un té, una cerveza o alguna bebida de procedencia extraña.  Muchas veces uno cae, por cansancio, por hastío (o por mal tiempo) en muchos lugares que en el mejor de los casos se olvidan apenas pagar la cuenta y cruzar la puerta de salida. Sin embargo, hay algunos rincones que hacen que una tarde de turismo se convierta en una celebración de los sentidoso la vida. Por el mar de mis olvidos naufragan sobrevivientes imágenes de algunos de esos lugares (restos de tantas tardes que tendrían que ser inolvidables). Cierro los ojos y veo el atardecer del Sunset Café en Panajachel Guatemala, en donde una Gallo se impregnó de los últimos rayos de un sol majestuoso. Casi creo sentir de nuevo el sabor de la tranqulidad en aquellas cafeterías llenas de estudiantes, música y discusiones de todo tipo. Y mientras pienso esto, lo hago sentado en un cómodo sillón, tomando un te con leche y viendo cómo la lluvia cae en un mundo que me sigue maravillando.

Noviembre 23, 2007

El soundtrack del viaje

Archivado en: Grecia, Música, Reflexiones de viaje — Tesista @ 10:45 am

Antes de que existiera y comenzara a formar parte de la “Generación Ipod”, los viajes estaban cargados de sonidos que surgían a cada paso. Pero más allá de las tonalidades, los matices, los ritmos y las músicas de las que se formaba un viaje, siempre había una “música imaginada”, el soundtrack de un lugar. Lisboa comenzó a tener sentido después de haber escuchado Fado en una taberna de Alfama, en donde la saudade pintaba el ambiente de mar, marineros y nostalgia. Colombia sin su cumbia y su música de papayera (y sin la salsa claro está) no tendría su espíritu. A Guatemala sin marimba (y ahora con música religiosa) le faltaría algo. Cuba sin percusiones o son, ni sabría a ron ni olería a sal. En Grecia sin embargo, la música, que no es una sino muchas, no sólo se escucha, se baila, los hombres la bailan y lo hacen como si estuvieran borrachos, porque lo están, de pasados, de tristeza y hasta de odio; por eso golpean el suelo, por eso se contonean, por eso bailan unidos. Las mujeres sin embargo, bailan seduciendo, hipnotizando, aniquilando a un enemigo que nunca lo fue. La Rebetika es la música de Grecia, su blues, su nostalgia hecho canto.

Octubre 26, 2007

Viajero en un mundo circular

Archivado en: Fotos, República Checa, Souvenirs, viaje — Tesista @ 11:41 pm
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